Estudio Vargas 13, transforma su habitación en un espacio de reflexión y desaceleración, proponiendo un entorno slow-tech dentro de la feria. Este lugar invita al visitante a interactuar con los creadores y conocer las obras gestadas a partir de una tecnología primordial: la fusión de la mano y el pensamiento, que da forma a la materia.
La naturaleza es el campo de inspiración para la serie de obras presentadas, abordando al mismo tiempo la noción del ser humano como animal sintiente. De esta manera, lo salvaje y lo sereno conviven en un mismo espacio expositivo.
El montaje museográfico transforma el espacio en una especie de laboratorio o bosque, donde los objetos generan una red de relaciones que privilegia los procesos lentos y la presencia física. El proyecto ofrece un lugar de encuentro que busca trascender la inmediatez de las pantallas, invitando a valorar la conexión directa con las obras y los cuerpos.



