Esta exposición invita a observar la histórica construcción de la imagen de la juventud femenina, no desde la superficie, sino desde el reverso del espejo. La propuesta se centra en el espacio íntimo donde la mujer se afirma como sujeto y no como objeto de deseo ajeno.
La muestra crítica la noción de «eterna juventud» como un artefacto cultural vinculado a estructuras de poder, explorando la tensión constante entre la identidad y la apariencia. Las obras, ya sea a través de la imagen, la materia o el cuerpo, exploran lo que significa habitar el tiempo. Este enfoque se presenta como una forma de resistencia íntima y lúcida, buscando desarmar la contradicción entre belleza y edad.
El arte se convierte aquí en un territorio de reapropiación, donde el espejo deja de ser un juez para reflejar una presencia auténtica y no un ideal.



